Las calles de Cuba recuerdan a un museo al aire libre: aquí se pueden ver automóviles americanos de los años 1950, \"Zhiguli\" soviéticos y raramente, automóviles modernos extranjeros. La situación con los nuevos vehículos en la isla sigue siendo extremadamente complicada durante más de sesenta años. Las causas de esto se encuentran en un complejo de factores históricos, políticos y económicos que han convertido al automóvil en un lujo para la mayoría de los cubanos.
Hasta la revolución de 1959, Cuba fue uno de los líderes de América Latina en el número de automóviles. En los años 1950, había aproximadamente 150 mil vehículos en la isla, la mayoría de marcas estadounidenses. Sin embargo, después de que Fidel Castro asumiera el poder y Estados Unidos impusiera un embargo comercial a principios de los años 1960, el importación de automóviles y piezas prácticamente se detuvo. La isla quedó aislada y el parque automovilístico existente tuvo que ser mantenido por todos los medios disponibles. Los cubanos aprendieron a reparar las viejas máquinas con herramientas improvisadas, combinando motores soviéticos con carrocerías estadounidenses. Fue entonces cuando los automóviles clásicos se convirtieron en un símbolo de ingenio y supervivencia.
La economía cubana sufrió un duro golpe después de la disolución de la Unión Soviética en 1991, que era el socio económico principal de la isla. Cuba perdió alrededor de 80-85% de los suministros de petróleo y productos petrolíferos, así como una gran parte de las subvenciones. El país entró en el llamado \"Período Especial\" uno de los peores crisis económicas en su historia.
Hoy en día, el salario promedio en Cuba sigue siendo extremadamente bajo — aproximadamente 10-30 dólares al mes en términos reales. A pesar de que se han suavizado algunas reglas de importación últimamente, el costo de una nueva máquina comienza aproximadamente en 16 mil dólares con todos los impuestos y márgenes. Esta brecha hace que la adquisición de un automóvil sea inaccesible para la mayoría de los cubanos. Los economistas llaman a nuevas reglas de importación desvinculadas de la realidad, ya que solo aquellos que poseen moneda fuerte tendrán acceso a ellas.
Además de la falta de nuevos vehículos, el país se enfrenta a un grave déficit de combustible. Cuba produce solo alrededor del 40% del combustible consumido y depende mucho del importación. A partir de enero de 2026, la administración de Trump endureció las sanciones contra la industria petrolera cubana, lo que llevó a nuevos desequilibrios en el suministro de gasolina. Incluso si se llevaran nuevos automóviles a la isla, sería prácticamente imposible abastecerlos, ya que el crisis de combustible se agravó por el desgaste de la infraestructura y la falta de modernización de las refinerías.
Hasta hace poco, Cuba tenía regulaciones estrictas sobre la importación de automóviles. El importación de vehículos estaba permitido solo a través de empresas estatales o para diplomáticos. A los particulares se les prácticamente prohibía comprar nuevos vehículos en el extranjero. En 2026, el gobierno suavizó algunas reglas, permitiendo el importación bajo condiciones de pago de aranceles altos. Sin embargo, el tamaño de los aranceles sigue siendo tan alto que el precio final del automóvil aumenta varios veces, haciendo que sea inaccesible para los ciudadanos comunes.
Prácticamente no hay centros oficiales de distribuidores de grandes fabricantes globales en Cuba. Esto significa que incluso si un nuevo automóvil llega a la isla, su propietario se enfrenta a problemas de mantenimiento: falta de piezas originales, mecánicos calificados y equipo especializado. Por lo tanto, la mayoría de los cubanos prefieren comprar viejos autos que se pueden reparar con herramientas improvisadas, en lugar de arriesgarse con tecnología costosa y moderna.
Por lo tanto, la falta de nuevos automóviles en Cuba es el resultado de la interacción de varios factores: el embargo estadounidense de larga data, una profunda crisis económica, la pobreza de la población, la escasez de combustible, aranceles altos y la falta de infraestructura para el servicio. Mientras estos problemas no se resuelvan a nivel estatal, las calles de Cuba seguirán manteniendo el aspecto de una época pasada, y el automóvil seguirá siendo una aspiración inalcanzable para la mayoría de los cubanos.
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