Noche. En la pantalla del televisor o en las gradas del estadio, las últimas minutos del partido. Tu hijo o hija están apretando los dientes, cerrando los puños, creyendo hasta el último silbido. Y de repente — todo. Derrota. Goles del rival, desilusión de los jugadores, el estruendo de las ovaciones ajenas. El niño no puede contener las lágrimas, arroja la camiseta con el emblema, grita que nunca más va a apoyar a esa equipo, que el fútbol es injusto e ininterresante. ¿Es una situación familiar familiar? Para millones de familias en todo el mundo, la derrota del equipo favorito o de la selección nacional no es solo un evento deportivo, sino una auténtica tormenta emocional que afecta incluso a los más pequeños fanáticos. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo ayudar a un niño a superar esta amargura sin dañar su amor por el juego?
Para un adulto, el fútbol es un juego, aunque importante. Pero para un niño, especialmente entre los 5 y 12 años, el equipo favorito es una extensión de sí mismo. Se identifica con los colores del club, con los héroes jugadores, con el espíritu victorioso que les da emoción. Cuando el equipo pierde, el niño siente esto como una derrota personal. Su autoestima, su pertenencia al grupo de simpatizantes, todo esto se ve afectado.
Los psicólogos explican este fenómeno como el «efecto espejo»: los niños no tienen suficiente desarrollo emocional para separar sus sentimientos de lo que ocurre en el campo. No solo «miran el partido» — lo experimentan junto con los jugadores, cada golpe en el arco se siente en su corazón. Y cuando la pelota no entra en la red, se percibe como una derrota personal. Añade al factor social: en la escuela, en el patio, en los chats, todos discuten el resultado, y el niño puede enfrentarse a chistes o incluso acoso si su equipo pierde. Esto multiplica el estrés por varios.
Lo primero y más peligroso es desvalorizar los sentimientos del niño. Frases como «¿Por qué lloras, es solo un juego», «No tomes esto tan a pecho», «No jugaste tú» no funcionan. Hacen que el niño se sienta tonto e incomprendido. Su dolor es real y requiere reconocimiento.
El segundo error es dividir la ira del niño contra los rivales o los árbitros. Si tú mismo gritas que el árbitro es un payaso y los rivales son una banda, le estás mostrando al niño un modelo de comportamiento agresivo que no lo enseña a lidiar con el desencanto. En lugar de una aceptación saludable de la derrota, refuerzas la idea de que siempre son los demás los culpables.
El tercer error es intentar «desviar» al niño demasiado rápido, por ejemplo, ofreciéndole ir a comer helado. Puede funcionar a muy corto plazo, pero no resuelve la profundidad del sentimiento. El niño debe tener la oportunidad de vivir la emoción, no de ahogarla.
Comienza sentándote a su lado, abrazándolo y diciendo: «Veo que te duele. Querías mucho que ganaran. Es normal sentirse triste». El reconocimiento simple de la emoción hace milagros. El niño se siente comprendido, no juzgado.
Luego, dale la oportunidad de expresarse. Permite que te cuente lo que siente: ira, resentimiento, desilusión. No interrumpas, no discutas, incluso si sus juicios parecen injustos. Simplemente escucha. En el proceso de hablar, las emociones se debilitan.
Después de que la primera oleada haya pasado, puedes suavemente cambiar la conversación al rumbo de «el fútbol es la vida». Explica que las derrotas son tan necesarias en el deporte como las victorias. Trae ejemplos de grandes equipos y jugadores que perdieron pero luego volvieron a ganar. Lo importante no es comparar, sino mostrar que la caída no es el final, sino parte del camino.
Habla sobre lo que se puede encontrar en un partido perdido: un gol hermoso, un excelente salvamento del portero, un increíble desliz del defensa. Enseña al niño a ver la belleza del juego, no solo el resultado. Esto le ayudará a no desilusionarse del fútbol en general.
Si el niño quiere estar solo, dale ese derecho. A veces, la mejor ayuda es estar cerca, pero sin meterse con charlas. Si desea discutir el partido otra vez, hágalo de manera tranquila, sin calor.
La derrota no es solo dolor, sino también una oportunidad para aprender algo importante. Explica al niño que el fútbol, como la vida, no siempre es justo, pero siempre enseña. La derrota enseña la humildad, el respeto al rival, la capacidad de aguantar el golpe. Esos son los valores que nos hacen más fuertes.
Muestra al niño cómo actúan los jugadores de tu equipo favorito después de una derrota: les dan la mano a los rivales, agradecen a los aficionados, salen con la cabeza bien alta. Es un ejemplo de dignidad que vale la pena recordar. Explica que un verdadero fanático no es el que grita «somos los mejores» solo cuando ganan, sino el que se queda con el equipo incluso en momentos difíciles.
Puedes ofrecerle que escriba una carta a la equipo — con agradecimiento por la temporada, por las emociones, con deseos de suerte en el futuro. Esto ayuda a redirigir la energía del negativo al positivo y da una sensación de participación.
El fútbol es impredecible. Por lo tanto, es útil hablar con el niño sobre que incluso los mejores equipos del mundo a veces pierden, no en el momento de la derrota, sino en un entorno neutral. Por ejemplo, mientras ves una transmisión de otro partido o simplemente durante la cena. Así, preparas el terreno y la próxima derrota no será un shock para él.
También es útil desarrollar una visión más amplia del deporte en el niño: no solo el fútbol, sino otros tipos, discute qué hay en cada uno de ellos y victorias y derrotas. Esto ayuda a reducir el «significado hipertrofiado» de un solo resultado.
En una familia donde el padre y el hijo apoyaban a un equipo que fue eliminado sorpresivamente en la primera ronda del torneo, el niño lloró dos días. Tenía cuatro años y en la escuela lo burlaban. En lugar de decir «no te preocupes por eso», mamá le propuso escribir una historia sobre cómo su jugador favorito volvería y ganaría a todos en la próxima temporada. El niño se interesó, inventó un argumento y luego incluso dibujó un cómic. Después de una semana, ya estaba discutiendo con sus compañeros de clase sobre posibles traspasos y tácticas para el próximo año. El dolor desapareció, pero el amor por el equipo permaneció.
La derrota del equipo favorito no es el fin del mundo, pero para un niño es realmente una prueba seria. Nuestra tarea como padres no es salvarlo de la dolor, sino enseñarle a vivirlo, aprender de él y seguir adelante. El fútbol es un excelente entrenador de vida y la capacidad de aceptar derrotas dignamente le será útil no solo en el campo, sino también en la escuela, en el trabajo, en las relaciones. Ayúdale a ver que detrás de cada derrota hay una oportunidad de volverse más fuerte. Y entonces, incluso la derrota más amarga se convertirá en el comienzo de un nuevo camino.
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