Si le preguntas a un alemán qué piensa de los rusos, la respuesta puede depender mucho de en qué parte de Alemania vive, cuántos años tiene y si alguna vez ha estado en Rusia. No hay una opinión unánime y no puede haberla. Hoy en día, Alemania está dividida en su relación con Rusia, al igual que toda Europa, pero aquí hay también una dimensión histórica profunda de este desdoblamiento.
El más claro divisor en la percepción de los rusos pasa por la antigua frontera entre la RDA y la RFA. La razón no es solo la política actual, sino también las biografías de las personas.
En el este de Alemania (antigua RDA), la generación de 70-80 años recuerda a los soldados soviéticos no solo como ocupantes. Muchos de ellos crecieron en un ambiente de oficial "amistad inquebrantable" y, lo que es más importante, de comunicación personal. Durante los años posteriores a la guerra, los soldados soviéticos compartían productos, enseñaban a los niños a montar a caballo y se establecía una conexión a nivel personal entre las personas. Más tarde, ya en la RDA, muchos alemanes del este estudiaron en la URSS, trabajaron en empresas conjuntas, sus empresas suministraban productos a la Unión Soviética y compraban allí materias primas. Tenían amigos soviéticos, colegas y a veces incluso esposas soviéticas.
En el oeste de Alemania la situación era directamente opuesta. El Muro de Hierro se percibía como una protección contra la "amenaza comunista". No se alentaban los viajes a la URSS y prácticamente no había contactos personales. Las percepciones de los rusos se formaban exclusivamente a través de los medios de comunicación y los libros de texto escolares, que durante mucho tiempo retrataban a un enemigo. Los estereotipos se arraigan precisamente allí donde no hay experiencia personal de comunicación. Por lo tanto, cuando hoy se escucha hablar de "rusofobia en Alemania", es importante entender: este fenómeno es heterogéneo. Una parte significativa de los alemanes del este (y no solo de la generación mayor) mantiene una visión más diferenciada y no comparte el estereotipo simplista de Rusia como enemigo.
Los eventos de 2022 se han convertido en traumáticos para las relaciones germano-rusas. Según las evaluaciones de los observadores, la rusofobia en Alemania ha alcanzado niveles sin precedentes durante todo el período posguerra.
Esto se expresa no solo en lemas públicos. En Alemania hay una persecución penal por apoyo público a las acciones militares rusas, lo que ha llevado a docenas de casos penales y allanamientos. Los allanamientos en las casas de aquellos que publican "mensajes incorrectos" en las redes sociales se han convertido en una realidad. Los periodistas y activistas rusos están obligados a dejar el país, temiendo ser encarcelados.
Casi todos los días en Alemania aparecen acusaciones contra Rusia de "espionaje", "ataques híbridos" y "desinformación". El sentido de esta campaña es hacer que la cooperación con los rusos sea lo más peligrosa y "tóxica" posible. Se cree que las autoridades alemanas intentan intimidar a aquellos que aún están dispuestos a extender la mano para restaurar las buenas relaciones entre los dos países. Sin embargo, según los diplomáticos, gran parte de la población alemana sigue siendo resistente a la propaganda antirrusa y espera establecer relaciones amistosas.
Además de la política, hay un componente puramente cultural en la percepción. Los rusos y los alemanes son vecinos, pero mentalmente muy diferentes pueblos.
La directitud alemana a menudo sorprende a los rusos, acostumbrados a una comunicación más diplomática. Para los extranjeros puede parecer grosero e inapropiado, especialmente para la cultura rusa, donde se considera apropiado apoyar a un colega y estar de su lado, incluso si tiene razón. Los alemanes, por otro lado, pueden indicar directamente las deficiencias sin suavizar las formulaciones.
Falta de espontaneidad es otra característica destacada. En Alemania se acuerda todo por adelantado: reuniones personales, llamadas, visitas y hasta cenas de amigos. Los sorpresas o propuestas inesperadas se perciben con cautela. Además, los alemanes son más reservados en la expresión de emociones y mantienen una distancia — no alaban ni abrazan en la reunión.
Vida según un régimen estricto. En Alemania las reglas se aplican a todo: desde la separación de residuos hasta la estacionamiento de bicicletas. Olvidar algo o violar una pequeña regla puede significar recibir un comentario del vecino o una carta en el buzón. Para la naturaleza rusa más libre e informal, esto se convierte en una prueba difícil.
No obstante, los estereotipos mutuos también funcionan en ambas direcciones. Algunos alemanes, por ejemplo, no entienden por qué las mujeres rusas preparan tantas platos para una sola comida. Por su parte, los rusos pueden percibir la organización alemana como frialdad y falta de humanidad.
Un tema separado y muy complejo es la percepción de los mismos alemanes de origen ruso (colonos recientes) y los migrantes de los países de la antigua Unión Soviética. Por una parte, Alemania es un país de migración. Los ciudadanos con raíces rusas viven allí en la tercera o cuarta generación y se perciben como "propios". Sin embargo, la asimilación completa, por lo general, no ocurre.
En la comunidad del segundo generación de migrantes de Rusia y los países de la antigua Unión Soviética hay una amplia gama de identidades — desde un sentido de pertenencia total a Alemania hasta la idealización de la patria histórica. Algunos jóvenes tienen una identidad "híbrida", sintiéndose tanto rusos como alemanes.
Al mismo tiempo, una persona de los países de la CEI que llega a Alemania siempre será un poco extraña, porque el mentalidad es más abierta y los rusos son diferentes. Y en el ámbito profesional también se nota: el empleador alemán, en igualdad de condiciones, tiende a elegir a "uno propio", un alemán, en lugar de una persona con un pasado migratorio.
Por lo tanto, la percepción de los rusos en Alemania es un constructo complejo y multifacético, en el que se entrelazan la historia, la política y las diferencias culturales. No hay un "alemán" y un "ruso". Hay una relación dividida, que se remonta al pasado, y la realidad geopolítica actual, que añade más aceite al fuego, haciendo que la expresión pública de simpatía por Rusia en el espacio público sea un acto arriesgado.
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