El 14 de julio de 1789, la multitud parisina asaltó la prisión-fortaleza de la Bastille. Este evento resonó en todo el mundo y cambió para siempre el curso de la historia. Pero junto con la revolución, la Bastille también dio origen a un estrato de cultura: frases hechas, refranes, dichos populares y una infinidad de chistes que aún viven. Desde chistes escolares hasta citas filosóficas, la imagen de la Bastille se ha integrado profundamente en el idioma, convirtiéndose en símbolo no solo de libertad, sino también de humor popular.
La frase hecha más conocida asociada con la Bastille es, sin duda, «conquistar la Bastille». En su sentido literal, significa el asalto a la fortaleza el 14 de julio de 1789, pero en su sentido figurado, simboliza la victoria sobre la opresión, la caída del antiguo orden y la celebración de la libertad. Como escriben los historiadores, «su caída simbolizó el fin del viejo mundo». Esta frase se ha convertido en un nombre común para cualquier acción decidida contra la injusticia.
En la literatura, la encontramos en los más diversos contextos. Por ejemplo, en una de las citas de la literatura rusa clásica, leemos: «Bueno, si hay una tribuna cuyos gritos indiquen el despliegue — el orden de la naturaleza humana, si hay un objetivo común — una fortaleza que hay que conquistar, la Bastille que hay que destruir. — La Bastille ha sido conquistada. La revolución ha ganado ». Aquí, la Bastille actúa como metáfora de cualquier tiranía que el pueblo debe derribar.
Deserves especial atención y el nombre mismo «Bastille» (del francés bastille — fortificación), que en muchos idiomas se ha convertido en un nombre común para denominar prisión o lugar de detención. En el argot inglés, por ejemplo, la palabra «bastille» se utilizó como un término general para denominar una prisión, y su forma abreviada «steel» fue una expresión favorita entre las clases bajas. En su sentido figurado, «sentarse en la Bastille» significaba estar en prisión, y «salir de la Bastille» significaba obtener la libertad.
Quizás la frase más célebre sobre la Bastille en el espacio postsoviético no vino de los libros de historia, sino de una película. En la película de Vladimir Menshov «Amor y palomas» (1984), el personaje de Sergey Yursky — tío Mitia — saca un calendario de tirilla y suspira amargamente: «No bebí, no bebí! Aunque hay motivo — el Día de la Conquista de la Bastille ha pasado en vano! ».
Esta réplica se ha convertido en un aforismo. Miles de personas mencionan el festival nacional francés de esta manera, como una oportunidad perdida para beber. La frase «el Día de la Conquista de la Bastille ha pasado en vano» ha superado los límites de la película y se ha convertido en una frase hecha que designa una oportunidad perdida para una fiesta o una cena. A veces se cita de manera irónica, a veces con una ligera nostalgia por aquellos tiempos en los que incluso los eventos históricos se convirtieron en motivo de humor popular.
Por cierto, la tradición de asociar a la Bastille con la bebida no es casual. Después de la destrucción de la fortaleza, se colocó una placa con la inscripción: «Aquí bailan y todo estará bien» (ici l’on danse, ah ça ira, ah ça ira!). Así que tío Mitia, sin saberlo, continuó una tradición milenaria: convertir el símbolo de la tiranía en un lugar para la diversión.
En la literatura rusa clásica, la Bastille también no se ha quedado sin atención. En la obra de Mijaíl Bulgákov «La kábalá de Swantosh», el personaje exclama: «¡Toma, Bastille húmeda! ». Esta expresión suena como una maldición o un llamado al juicio — la imagen de una fortaleza húmeda, oscura, lista para devorar a su próxima víctima. Subraya la reputación macabra de la Bastille como lugar donde la gente desaparecía sin juicio ni proceso.
Curiosamente, en el idioma se ha conservado también la expresión «Lettre de cachet» — «carta sellada ». Este era un decreto real que permitía encarcelar a una persona en la Bastille sin juicio, por orden personal del monarca. La propia frase se ha convertido en un símbolo de arbitrariedad y ilegalidad, y en su sentido figurado, designa cualquier orden o resolución injusta.
En la memoria popular, la Bastille ha dejado no solo huellas serias, sino también irónicas. Por ejemplo, existe un dicho humorístico: «No te desesperes por Moradaunt y por la Bastille» — una alusión a que cualquier persona puede terminar en prisión, incluso el más noble. Y en el medio de los amantes de la obra de Alexander Dumas, circula otra ocurrencia: «Cuenta bien, once Bélgica fortifica» — una parodia de un refrán conocido, donde en lugar de «corta» figura el nombre de otra fortaleza relacionada con las historias de los mosqueteros.
En Francia, por supuesto, hay muchas frases hechas relacionadas con la Revolución y el 14 de julio. Por ejemplo, la frase «Les carottes sont cuites» («la zanahoria está cocida») significa que el asunto está resuelto y no hay más vuelta atrás, al igual que después de la toma de la Bastille. Y el lema «Libertad. Igualdad. Fraternidad» se ha convertido no solo en un lema, sino en una frase célebre que se cita en todo el mundo.
La broma más popular sobre la Bastille es, sin duda, el clásico anécdota escolar. La maestra pregunta al estudiante: «¿Quién conquistó la Bastille?». Él responde honestamente: «No lo hice!». Luego sigue una reacción en cadena: la maestra en furia, el subdirector en confusión, el director en desesperación. Este anécdota vive en docenas de variaciones. En una de ellas, Vovochka explica: «No sé, no lo hice!», y su padre agrega: «No sé, lo hice o no, pero no lo traje a casa ».
Otro diálogo popular:
— ¿Por qué obtuviste una doble? — Por la Bastille, papá! — ¿Qué es eso? — Una fortaleza así. — ¿Cuántos grados? — No sé, la conquistaron por asalto. — Entonces, fuerte, cosa!
Estas bromas son divertidas precisamente por su absurdo: el niño toma el evento histórico por un robo y la fortaleza por una bebida alcohólica. Mostran cómo la imaginación popular puede alejarse mucho de la verdad histórica, convirtiendo un gran evento en motivo de risa sin malicia.
En el mundo angloparlante también hay sus calambures. Por ejemplo: «¿Por qué la Revolución Francesa se parece a la prohibición de alcohol? Porque ambos se deshicieron de los Borbones!» (Bourbon — y la dinastía, y el whisky). O: «¿Has oído la broma sobre el Día de la Conquista de la Bastille? Es simplemente un motín! » (juego de palabras: motín — motín, pero también diversión).
En Internet se pueden encontrar cientos de chistes sobre la Bastille, construidos sobre el juego de palabras. Aquí hay algunos ejemplos de sitios en inglés:
Y, además, hay una famosa línea de pickup: «Hey, chica, ¿eres la Revolución Francesa? Porque siempre me imagino a ti sin calzones» (sans-culottes — literalmente «sin calzones», así se llamaban a los revolucionarios). La agudeza, por supuesto, está en la frontera del tabú, pero ilustra perfectamente cómo una imagen histórica puede convertirse en motivo de coqueteo.
Hoy en día, la imagen de la Bastille vive no solo en anécdotas, sino también en memes de Internet. La frase «el Día de la Conquista de la Bastille ha pasado en vano» se ha convertido en uno de los aforismos más citados en el Runet. Se utiliza cuando se quiere bromear sobre una fiesta perdida o una cena fallida. Y en el segmento angloparlante de las redes sociales, hay imágenes con leyendas como «Bastille Day: the one holiday where storming something is actually encouraged» («Día de la Bastille: el único festival donde asaltar algo realmente se alienta»).
Los memes y los chistes sobre la Bastille no son solo diversión. Muestran cómo un evento histórico, separado de nosotros por siglos, sigue viviendo en el idioma y la cultura. Rímosnos de la Bastille porque ya no nos asusta, sino que nos inspira — a la libertad, a la fiesta y hasta a una buena broma.
La Bastille fue destruida hace mucho tiempo, pero su imagen vive en miles de frases, refranes y chistes. Desde frases hechas serias como «conquistar la Bastille» hasta anécdotas escolares absurdas, desde citas filosóficas de clásicos hasta memes de Internet, la fortaleza que una vez simbolizó la tiranía se ha convertido hoy en símbolo del ingenio popular. Y tal vez esto sea la mejor victoria de la revolución: convertir incluso el símbolo más sombrío en motivo de una sonrisa.
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