En el hinduismo, la danza no es simplemente un arte o entretenimiento. Es un aspecto fundamental de la cosmogonía, una forma de culto a los dioses, una concepción filosófica y un camino a la salvación (moksha). La danza se percibe como la vibración original del universo, la manifestación rítmica de la energía divina (shakti) y la expresión del juego eterno (liya) entre el espíritu y la materia.
El dios supremo como creador en la tradición hindú a menudo se presenta en la forma de un danzante cósmico. Esto se ve más claramente en la imagen de Shiva Nataraja — «Señor de la Danza». Su danza en el salón dorado de Chidambaram simboliza las cinco funciones divinas:
Srishti (creación, personificada en el tambor-damaru).
Stiti (mantenimiento, gesto de «indiferencia»).
Samhara (destrucción, fuego en la mano).
Tirabava (ocultamiento, pierna levantada).
Anugraha (misericordia, pierna bajada, otorgando liberación).
Cada movimiento de la estatua de Nataraja es una fórmula filosófica compleja que describe la naturaleza cíclica del universo. Las apsaras, las danzadoras celestiales que entretienen a los dioses, y las gopis, pastoresas que danzan con Krishna en el Rasaleela, personifican la danza como una forma de amor divino y unión extática con el Absoluto.
La sistematización de la danza condujo al nacimiento de estilos clásicos descritos en el tratado «Natyashastra» (II a.C. — II d.C.), que se conoce como «quinta Veda». Todos ellos están íntimamente relacionados con el ritual del templo.
Bharatanatyam (Tamilnad) — tal vez el estilo más conocido. Originalmente, esto fue una práctica ritual de las devadasis (danzadoras «esclavas de los dioses»). Sus diferencias: la geometría clara de las líneas, la estructura rítmica compleja (adhu) y la expresiva mímica (abhinaya) para narrar argumentos mitológicos.
Kathak (India del Norte) — un estilo nacido en los templos, pero florecido en los palacios mogoles. Para él son característicos los movimientos virtuosos de los pies que marcan ritmos complejos (tatkar), piruetas rápidas (chakkar) y movimientos elegantes que narran historias sobre Krishna.
Odissi (Orissa) — un estilo inspirado en las esculturas del templo del Sol en Konarak. Su base es la plasticidad fluida y ondulante del cuerpo (tribhanga), que imita los giros de un río o los tallos de un árbol.
Kathakali (Kerala) — más bien una danza-drama. Es una representación grandiosa con trajes enormes, maquillaje hipnótico de colores naturales y una poderosa pantomima que representa episodios de los épicos «Mahabharata» y «Ramayana».
Manipuri (Manipur) — un estilo profundamente espiritual y lírico, basado en el culto a Krishna-Radha. Sus diferencias son los movimientos fluidos y redondos, la ausencia de rítmica fuerte y el énfasis en la devoción elevada (bhakti).
Para el intérprete, el danza clásica es una йога en movimiento. Requiere una integración completa del cuerpo, la mente y el espíritu. La preparación física es comparable a la de un asceta: desarrollo de la resistencia, flexibilidad y coordinación. Pero la principal meta es superar la perfección técnica y alcanzar el estado de bhaava-rasa — el gusto estético — cuando tanto el intérprete como el espectador experimentan una experiencia espiritual purificadora. De esta manera, la danza se convierte en una meditación efectiva que lleva a la trascendencia.
Geometría sagrada: La base de muchos movimientos del bharatanatyam es la concepción de karma-angali — la posición en la que el cuerpo se ajusta a un triángulo equilátero, simbolizando la trinidad de Brahma, Vishnu y Shiva.
Idioma de las manos (mudras): El sistema de hasta-mudras incluye 28 gestos unívocos y 24 combinados. Con ellos se puede contar una historia completa, desde la descripción de fenómenos naturales hasta conceptos filosóficos complejos.
Símbolo del vestuario y el maquillaje: En el katthakali, el color del maquillaje del personaje indica su naturaleza: verde — nobleza (Pandavas, Krishna), rojo — ira y maldad (Ravana, Kamsa), negro — criaturas de los bosques o cazadores.
Resurrección de la tradición: A principios del siglo XX, personalidades como Rukmini Devi Arundale salvaron al bharatanatyam de la obsolescencia y la estigmatización, devolviendo su estatus de arte espiritual alto accesible para todos, no solo para las devadasis.
Así, la danza en el hinduismo es una manifestación viva de la unión de lo material y lo espiritual. Es un puente lanzado desde lo humano hasta lo divino, donde cada movimiento es al mismo tiempo una oración, un tratado filosófico y un reflejo del ritmo cósmico eterno. Sigue siendo no un vestigio arcaico, sino una práctica dinámica y profundamente significativa, relevante para millones de seguidores del hinduismo en todo el mundo.
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