Bertrand Russell (1872–1970), filósofo, lógico, matemático y activista británico, abordaba la cuestión de los valores universales no como un moralista que proclama verdades absolutas, sino como un escéptico-racionalista. Rechazaba la justificación sobrenatural de la moral (dogmas religiosos) y las teorías intuicionistas, buscando una base sólida para los valores en las necesidades humanas, el sentido común y el conocimiento empírico. Su enfoque puede llamarse humanismo científico o racionalismo cosmopolita, donde los valores universales no se derivan de la autoridad, sino del análisis de las condiciones para la prosperidad y coexistencia humanas.
Russell era cauteloso con el concepto de «valores absolutos». En su obra «Ciencia y religión» afirmaba que es erróneo atribuir valor a las cosas en sí mismas, fuera de la relación con los deseos de alguien. Sin embargo, esto no implicaba relativismo moral. Su posición puede formularse así: los valores son relativos a la naturaleza humana y a las condiciones de supervivencia de la especie, pero, dado que estas condiciones son similares para toda la humanidad, adquieren un carácter de facto universal.
Russell destacaba dos fuentes de la moral:
Los instintos sociales (simpatía, cooperación), que tienen raíces en la evolución biológica.
La razón, que permite entender que satisfacer los deseos de otros y cooperar conduce a una satisfacción más completa de los propios deseos a largo plazo.
Así, para Russell, los valores universales no son mandamientos divinos, sino principios racionales para la supervivencia y el bienestar de la comunidad humana.
Desde este enfoque, se pueden destacar varios valores centrales en la filosofía de Russell.
Para Russell, la razón es la principal herramienta para resolver problemas humanos y la base de toda moral auténtica. El valor de la razón radica en su capacidad para:
Reprimir pasiones destructivas (fanatismo, ansia de poder, agresión).
Encontrar compromisos y evaluar los hechos de manera imparcial.
Servir como base para el conocimiento científico del mundo, que a su vez debe conducir a la mejora de la vida humana.
Ejemplo: En su famoso ensayo «Por qué no soy cristiano», Russell critica el dogmatismo religioso no desde otro dogma, sino desde la razón, el empirismo y la coherencia lógica, afirmando que la fe ciega obstaculiza la búsqueda libre de la verdad y a menudo justifica el sufrimiento.
Russell consideraba que el objetivo fundamental de la ética debe ser la reducción del sufrimiento en el mundo. Escribió: «La buena vida es una vida inspirada por el amor y guiada por el conocimiento». Por «amor» entendía no solo un sentimiento personal, sino también una compasión activa y universal (benevolencia) — el deseo del bienestar de los demás. Este valor deriva directamente de la capacidad de simpatía y del entendimiento racional de que el sufrimiento es un mal, dondequiera que ocurra.
Dato interesante: Durante la Primera Guerra Mundial, Russell adoptó una postura pacifista, por lo que fue despedido de Cambridge y encarcelado. Su activismo antibélico fue una consecuencia directa del valor de la compasión y la creencia de que la razón debe buscar formas de resolver conflictos, no de escalarlos.
Para Russell, la libertad es una condición necesaria para la realización de la razón y el desarrollo personal. Veía amenazas a la libertad en tres formas: dogmatismo religioso, tiranía política y explotación económica. Su obra clásica «Libertad y organización» examina estas amenazas. Insistía especialmente en la libertad de pensamiento y palabra, sin las cuales es imposible ni el conocimiento científico ni una sociedad sana.
Russell entendía la justicia no en sentido platónico o religioso, sino como el principio de considerar imparcialmente los intereses de todas las partes involucradas. Según Russell, una persona racional y compasiva no favorecerá sus propios intereses o los de su grupo solo por pertenecer a él. Es un valor universal que surge de la capacidad de generalización racional.
El valor de la duda y la disposición a revisar creencias a la luz de nuevas pruebas es parte del culto a la razón. El dogmatismo, para Russell, es la fuente de la mayoría de los males sociales (guerras, persecuciones). Consideraba que el método científico, basado en evidencias y falsabilidad, es éticamente superior a cualquier otro enfoque para afirmar verdades.
Russell no consideraba estos valores como «ideas innatas». Su estatus universal se basa en dos pilares:
Comunidad de la naturaleza humana: Todas las personas buscan evitar el sufrimiento, poseen en diversa medida la capacidad de simpatía y dependen de la cooperación para sobrevivir.
Cálculo utilitario-racional: Un ser racional, que comprende la interconexión del mundo, ve que la vida en una sociedad basada en la razón, la compasión y la justicia favorece más la satisfacción de sus propias necesidades profundas de seguridad, desarrollo y felicidad que la vida en una sociedad de violencia, engaño y opresión.
Implementación práctica: activismo político y social
La teoría de valores de Russell no fue solo de gabinete. Él la puso en práctica como intelectual público y activista:
Lucha por la educación laica y los derechos de las mujeres.
Posición activa antibélica y antiimperialista (en contra de la guerra de Vietnam, a favor del desarme nuclear dentro del movimiento de Pugwash).
Apoyo a reformas sociales destinadas a reducir la desigualdad económica (simpatizaba con el socialismo gremial).
Su famoso manifiesto, escrito junto con Albert Einstein, llamaba a los gobiernos a renunciar a la guerra y resolver conflictos pacíficamente, lo que fue una expresión directa de sus valores de razón, compasión y justicia en las relaciones internacionales.
Los valores universales en la teoría de Bertrand Russell son un proyecto de humanismo racional, desprovisto de fundamentos metafísicos. No son dados desde arriba ni leyes secretas del cosmos. Son convenciones racionales, elaboradas por la humanidad (y en proceso continuo de elaboración) para que la vida conjunta en un planeta limitado no se convierta en un infierno. Su fuerza no radica en su sacralidad, sino en su conveniencia práctica y en su correspondencia con aquellos aspectos de la naturaleza humana que conducen a la creación, no a la destrucción.
La filosofía de Russell recuerda que los valores son frágiles y requieren la constante protección de la razón frente a las pasiones irracionales. En un mundo moderno desgarrado por nuevas formas de fanatismo e irracionalidad, su llamado a la razón, la compasión, la libertad y la justicia, basado no en la fe sino en un análisis sobrio de las necesidades humanas, suena tan relevante como hace un siglo. Es un humanismo para adultos que asumen la responsabilidad por sus valores y están dispuestos a defenderlos con la fuerza del argumento, no con la fuerza de las armas.
New publications: |
Popular with readers: |
News from other countries: |
![]() |
Editorial Contacts |
About · News · For Advertisers |
Digital Library of Spain ® All rights reserved.
2023-2026, ELIB.ES is a part of Libmonster, international library network (open map) Preserving Spains's heritage |
US-Great Britain
Sweden
Serbia
Russia
Belarus
Ukraine
Kazakhstan
Moldova
Tajikistan
Estonia
Russia-2
Belarus-2