Ante cada padre se plantea esta elección: enviar al niño a cursos de inglés y robótica o hablarle de bondad y conciencia? Apuesta por las notas altas o por la habilidad para hacer amigos? Esto es un falso dilema. En realidad, la moralidad y el aprendizaje no se excluyen mutuamente, pero hay que establecer prioridades.
Un excelente aprendizaje es un billete para el futuro. Buenas notas abren puertas a universidades prestigiosas, otorgan becas, forman el trabajo duro y la disciplina. El niño aprende a establecer objetivos y lograrlos. Se acostumbra al trabajo intelectual. Sin embargo, hay un lado contrario. El "excelente con síndrome de excelente" a menudo teme los errores, no sabe perder y envidia a los más exitosos. Sin un corazón moral, el conocimiento se convierte en un instrumento de manipulación.
La moralidad es un sistema de filtros: lo que es bueno, lo que es malo, dónde está la verdad, dónde está la mentira. Un niño que ha asimilado principios de honestidad, empatía y ayuda mutua crece en una persona a la que se confía. Este niño puede no ser el mejor de la clase, pero no traicionaría ni engañaría por su propio beneficio.
Una persona moral sabe asumir la responsabilidad de sus acciones. A largo plazo, es esta cualidad lo que hace a los líderes.
Si se apuesta solo por el aprendizaje, se puede criar a un "milagro" frío y egoísta que despreciará al jardinero y se jactará de su título. Si se apuesta solo por la moralidad, pero se ignora el conocimiento, el niño no podrá realizar sus buenas intenciones, ya que no tendrá la cualificación necesaria.
El escenario más peligroso: padres que se quejan por un cuatro, pero no notan que el niño ha colocado un botón en el botón del vecino. Y a la inversa, que se enorgullece de "la bondad", pero el estudiante falta a clase.
No oponga uno al otro. Aprender poemas es un ejercicio de memoria, pero con poemas sobre la amistad.Resolver problemas matemáticos es lógica, pero en problemas con contenido moral (¿cuántos manzanas hay que dar para que todos tengan lo mismo?). Elogiar no solo por una nota de cinco, sino también por la honestidad. El principio moral se establece no en lecciones especiales, sino en los ejemplos de los padres: cómo reaccionan ante el necesitado, cómo discuten con los colegas.
Si hay que elegir lo más importante, el principio moral es el cimiento de la casa, y el aprendizaje son sus muros. Sin el cimiento, los muros caerán. Y sin muros, la casa no es habitable.
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