La situación en la que la abuela, consciente o inconscientemente, forma una imagen negativa del padre que vive separado en la nieta es un ejemplo clásico de triangulación — un proceso psicológico en el que dos personas involucran a una tercera (especialmente a un niño) en su conflicto para reducir su tensión. Desde el punto de vista de la teoría sistémica familiar (Murray Bowen), es un mecanismo disfuncional de estabilización que, sin embargo, inflige un daño grave al desarrollo psicológico del niño. El niño se encuentra en un conflicto de lealtad insoportable, donde el amor por el padre se siente como traición de la abuela y, posiblemente, de la madre.
La motivación de la abuela a menudo se oculta en complejos emocionales no resueltos:
Proyección de su propia herida: La abuela puede proyectar sobre el yerno la ira por su hija, mezclando los roles de «mal marido» y «mal padre». Sus acciones son una manera de vengarse, utilizando al niño como instrumento.
Temor a la pérdida de influencia y control: El niño es una fuente de significado y recurso emocional. El padre se percibe como un competidor por el amor y la atención de la nieta. Al desacreditarlo, la abuela intenta monopolizar la lealtad del niño.
Solidaridad patológica con la hija: El deseo de ser «buena madre», protegiendo a su hija de un «mal hombre», incluso si la hija no apoya esta enemistad.
Para la niña, esto crea condiciones catastróficas:
Distorsión de la realidad objetiva y escisión de la imagen. El padre se convierte en «el mal absoluto», lo que contradice sus posibles recuerdos internos positivos. Esto lleva a la disonancia cognitiva y socava la confianza básica en la percepción del mundo.
Formación de un «falso yo». Para mantener el amor de la abuela, la niña está obligada a suprimir sus sentimientos verdaderos hacia el padre y a mostrar la hostilidad esperada. Esto lleva a la pérdida de contacto con sus propias emociones.
Trauma de alienación parental. En casos graves, es un ejemplo clásico de comportamiento alienador por parte de la familia extensa, reconocido por los psicólogos como una forma de abuso emocional contra el niño.
Consecuencias a largo plazo: La psiquis formada en condiciones de elección forzada entre figuras amadas lleva una marca: dificultades en la construcción de relaciones de confianza, tendencia a la manipulación, sentimiento neurótico de culpa, baja autoestima.
Hecho interesante: Los estudios en el campo de la psicología familiar muestran que los niños que han sido víctimas de alienación parental a menudo muestran síntomas similares a los del trastorno de estrés postraumático (TEPT) en la edad adulta, incluyendo hiper vigilancia en las relaciones, dificultades en la regulación emocional y un sentimiento profundo de pérdida, incluso si se restablece el contacto con el padre alienado.
Las acciones deben ser consecutivas, jurídicamente informadas y psicológicamente verificadas. El objetivo principal no es «vencer» a la abuela, sino sacar al niño de la zona de conflicto y restaurar su derecho a amar a ambos padres.
Fixación de hechos: Mantener un diario donde se registren fechas, citas, acciones de la abuela. Guardar la correspondencia (sms, mensajes en mensajeros) donde se trace su influencia negativa. Grabaciones de audio y video (teniendo en cuenta la legislación sobre datos personales) pueden ser decisivas en el tribunal.
Apelación a las autoridades de protección de la infancia y al tribunal: Si el diálogo es imposible, el padre puede iniciar a través del tribunal:
Restricción de la comunicación de la abuela con la nieta, si se demuestra su influencia destructiva.
Definición del orden de comunicación, excluyendo su presencia durante las reuniones del padre con el niño.
Designación de una evaluación psicológica judicial para evaluar el impacto de la abuela en el estado psicológico del niño.
Este es el camino más difícil, pero el más efectivo.
Posición clara de la madre: La madre debe dar a entender de manera absolutamente clara y en palabras y acciones a su madre: «Mis relaciones con el padre de mi hija son nuestra historia personal. Sus relaciones con la hija son separadas y sagradas. No permitiré que las destruyan. Si no lo haces, estaremos obligados a limitar tu comunicación con la nieta».
Establecimiento de límites: Prohibir cualquier comentario negativo sobre el padre en presencia del niño. Interceptar intentos de obtener información o transmitir «mensajes». Reuniones con la abuela solo en presencia de la madre y solo en un terreno neutral.
Dieta informativa: La abuela no debe estar al tanto de los detalles de la vida del padre, sus planes, financieros — nada que pueda ser motivo de crítica.
Normalización de los sentimientos: Hacerle entender al niño que sentir amor por el padre, extrañarlo, es normal y correcto. Frases: «Puedes amar a papá. Es tu derecho y tu sentimiento. Nadie puede prohibirte sentirlo».
División de roles: Explicar (sin desacreditar a la abuela): «La abuela puede estar enojada con papá porque se pelearon de alguna manera. Esto son sus asuntos de adultos. Pero tus relaciones con papá son algo completamente diferente. Él es tu papá y te ama».
Terapia: Es obligatoria la colaboración con un psicólogo infantil especializado en las consecuencias del divorcio y la alienación parental. El terapeuta se convertirá en un adulto objetivo para la niña, que le ayudará a separar las instancias impuestas de sus propios sentimientos, reducirá el sentimiento de culpa y la ansiedad.
Calidad del tiempo: El padre debe centrarse en crear reuniones predecibles, seguras, positivas y sin presión. Importan no los regalos, sino el interés sincero, los rituales compartidos, el apoyo a sus intereses.
Neutralización de mensajes tóxicos: Si la niña repite tesis de la abuela («Me dejó», «Eres malo»), el padre debe reaccionar pacífica y factualmente, sin agresión hacia el niño: «Lamento que pienses así. No te dejé, soy siempre tu papá y te amo. Podemos vernos y siempre seré parte de tu vida». Es importante no exigir al niño «reconocimiento» de su razón.
Ejemplo de la práctica judicial: En varios países (por ejemplo, en el Reino Unido, en algunos estados de EE. UU. y en la práctica de los tribunales rusos cuando hay pruebas sustanciales) los tribunales pueden transferir al niño a la convivencia con el padre si se establece que la madre y / o la abuela obstaculizan sistemáticamente el contacto y lo instalan contra él, causando así daño a su salud psicológica. Esto se considera un abuso de derechos parentales.
Enfrentarse a tal abuela no es una pelea familiar, sino la protección de las fronteras psicológicas del niño contra el abuso emocional. El éxito es posible solo si:
Los padres (principalmente la madre) han reconocido la magnitud del daño y se han unido por la hija, dejando de lado sus diferencias personales.
Las acciones son sistemáticas: desde las fronteras claras y el diálogo hasta la ayuda psicológica al niño y las medidas jurídicas en caso de resistencia.
El enfoque se desplaza de la «convicción» de la abuela (a menudo imposible) a la creación de un entorno seguro para la niña, donde su derecho a amar a ambos padres es inquebrantable.
El silencio cómplice en esta situación es equivalente a la complicidad en el traumatismo de su propio niño. Se requiere determinación, coherencia y comprensión de que a veces para mantener la salud psicológica del niño es necesario limitar temporalmente o permanentemente el impacto incluso de un familiar muy cercano, pero tóxico. El derecho del niño a amar a ambos padres debe ser un prioridad incondicional.
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