El trabajador es una figura en la cultura casi sagrada. Pero precisamente por eso, se convierte con frecuencia en el blanco de las bromas. El ridículo sobre el trabajador no es una humillación, sino una manera de aliviar la tensión, reconocer su humanidad y, tal vez, un poco envidiar su capacidad para soportar todo lo que la vida le lanza por la espalda. En el humor, el trabajador se presenta como un tonto que no entiende que lo están utilizando, como un astuto que encuentra una salida en cualquier situación absurda, o como un robot inagotable que sigue trabajando incluso cuando todo a su alrededor se desmorona. Esta imagen vive en chistes, comedias cinematográficas, leyendas urbanas y en nuestras conversaciones en la cocina.
Un chiste es un género donde el trabajador a menudo se presenta como un hombre simple que es más sabio que cualquier jefe, pero que habla brevemente y al punto. Por ejemplo: «Se encuentran dos trabajadores. Uno dice: — Ayer el jefe dijo que debíamos trabajar mejor. El otro: — ¿Y qué te respondiste? — Dije: nosotros ya somos los mejores, simplemente los instrumentos son malos». En este chiste está toda la esencia: el trabajador sabe su valor, pero no se mete en problemas de jefes, simplemente hace su trabajo, mirando irónicamente a aquellos que están por encima de él.
Otro argumento clásico es el trabajador que se mete en una situación absurda por intentar demasiado. «Un obrero en una construcción cavó una zanja toda la noche. Al día siguiente, el capataz llega y dice: — ¿Tú, tonto, no sabías que la zanja tenía que estar donde hay un poste, no detrás del muro? El trabajador suspira: — Así que yo cavé detrás del muro, para que nadie viera que no estaba haciendo nada». En esta broma hay una reacción protectora, una tentativa de convertir el absurdo en una victoria. El trabajador no es simplemente el blanco de las bromas, sino que también entra en el juego y da la vuelta a la situación.
El cine soviético nos regaló una galería entera de trabajadores cómicos. Shurik en las películas de Gaidai es la imagen del «estudiante eterno», que tanto cava como construye, que da conferencias, pero siempre con tanto entusiasmo que no puede evitar hacer reír. Su trabajo no es simplemente un trabajo, sino una aventura llena de desastres cómicos. En «La captura caucásica» va a por materiales y termina en el epicentro del absurdo. Pero no se rinde; sigue trabajando, incluso cuando lo secuestran, porque «hay que entregar el objeto».
Otro imagen clásica es Vasili Ali-Babaevich en «La mano de diamante». También es un trabajador, pero su trabajo es una tentativa de sobrevivir en un mundo donde todo se compra y se vende. Su frase «Shurik, tú no tienes razón» se convirtió en un meme, pero detrás de ella hay la sabiduría del trabajador: ve el mundo más simplemente y más sinceramente. En el cine, el trabajador a menudo se ve ingenuo, pero es precisamente su sencillez lo que resulta más fuerte que los planes astutos de los villanos.
En las películas «Los gentlemens удачи» el trabajador educador (Yevgeni Leonov) intenta rehabilitar a los bandidos con el trabajo. Y es divertido, porque su fe en la fuerza rehabilitadora del trabajo se enfrenta a la realidad, donde nadie quiere trabajar. Pero es precisamente su perseverancia y fe en lo mejor lo que lo convierte en un héroe.
Una de las temáticas más persistentes del humor sobre el trabajador es su actitud hacia el «trabajo inteligente». Hay una broma: «— ¿En qué se diferencia un ingeniero de un trabajador? — El ingeniero piensa cómo hacerlo, y el trabajador lo hace como le dijeron. Pero cuando algo se estropea, el trabajador lo arregla, y el ingeniero va a escribir un informe». Aquí el trabajador es la oposición a la burocracia, el símbolo de una fuerza viva y operativa, que a veces parece ridícula, pero sin la cual todo se derrumbará.
Hay también la imagen inversa: el trabajador que se ha acostumbrado tanto al trabajo que no puede parar. «Viene el trabajador a casa, su esposa dice: — Descansa, siéntate. Se sienta en una silla, toma en sus manos un mando y comienza a «desenroscarlo». La esposa: — ¿Qué haces? — Y yo pienso, ¿dónde está la tecla para apagar este televisor?. Estas bromas suavemente burlan la deformación profesional, pero al mismo tiempo generan simpatía: la persona se ha fusionado tanto con el trabajo que hasta el descanso lo convierte en trabajo.
El trabajador a menudo se convierte en el autor de las bromas sobre su destino. Es una manera de manejar las cargas y al mismo tiempo afirmar su dignidad. Por ejemplo, el refrán: «No nos cansamos, economizamos fuerzas». O: «¿Dónde está todo bien en nuestro trabajo? En todas partes, excepto en el salario, el jefe y las condiciones». En este humor no hay odio, hay una amarga ironía que ayuda a mantenerse. Ríendose de sí mismo, el trabajador convierte la humillación en una victoria sobre las circunstancias.
En las brigadas de construcción y los talleres de reparación hay sus propias bromas: «Ayer cayó un ladrillo. El jefe dice: — ¿Tú, no sabías que tenía que agarrarlo más fuerte? El trabajador responde: — Lo agarré, pero resultó más inteligente que yo — se cayó cuando yo pensaba en el salario». Esto no es solo una broma, es una manifestación de la solidaridad colectiva: todos se reconocen en estas situaciones, y el río se convierte en un rito unificador.
La brecha cultural entre el trabajador y la tecnología moderna es otra tierra fértil para el humor. «Antes podía arreglar un tractor con palas, pero ahora tiene un ordenador y ni siquiera sé por dónde acercarme a él». Esto no es solo divertido, es un reflejo del cambio real del mundo, donde las habilidades antiguas se vuelven innecesarias y las nuevas se dan con dificultad. Y en este humor hay nostalgia por el tiempo en que todo era más comprensible y más simple.
Pero hay también el lado inverso: el trabajador que lucha con éxito contra la técnica. «En una construcción se estropeó un excavador. Todos esperan a los reparadores, y el trabajador Petr se acerca, patea el parachoques con un martillo y el excavador arranca. El jefe: — ¿Cómo lo hiciste? Petr: — Así es, lo construí yo la última vez». Esta broma subraya la sabiduría práctica que supera cualquier instrucción.
Cuando nos reímos del trabajador, no nos reímos de él, sino de su destino, que en muchos aspectos es cercano a cada uno de nosotros. Todos en algún momento nos convertimos en trabajadores: trabajamos para mantener a la familia, intentamos arreglar lo que se ha roto, discutimos con el jefe y soñamos con las vacaciones. Por eso, el humor sobre el trabajador es el humor sobre nuestra experiencia humana común. No humilla, sino eleva, porque en cada broma vemos no solo a un personaje, sino también a nosotros mismos. Y en este sentido, el trabajador no es solo el blanco de las bromas, sino su héroe principal.
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