En 1415, la flota portuguesa cruzó el Estrecho de Gibraltar y capturó la ciudad mauritana de Ceuta en el norte de África. Este evento se convirtió en el punto de partida de la expansión colonial europea. Los portugueses, liderados por el infante Enrique el Navegante, buscaban oro, esclavos y un camino a la India, evitando el mundo musulmán. Se movieron a lo largo de la costa occidental de África, estableciendo fortalezas y factorías: Arguin (1448), Lagos (1444), Elmina (1482). El comercio de oro, marfil y, pronto, esclavos hizo que Portugal se enriqueciera. A fines del siglo XV, los portugueses controlaban el Golfo de Guinea y alcanzaron el Cabo de Buena Esperanza. África para ellos no era una tierra para poblar, sino una fuente de recursos. Esta modelo de "presencia costera" se diferenciaba de la colonización interna más tardía.
Portugal fue pionero en la trata transatlántica de esclavos. A partir de los años 1440, los comerciantes portugueses compraban o capturaban africanos en la región del río Senegal y los enviaban a Europa. Después del descubrimiento de América, los esclavos comenzaron a ser transportados masivamente a Brasil. Las factorías portuguesas en la costa de Angola, Guinea, Mozambique se convirtieron en "fábricas" de procesamiento de personas. Las estimaciones varían, pero durante 400 años Portugal transportó aproximadamente 5-6 millones de esclavos, más que cualquier otra nación europea. Esto cambió para siempre la demografía de África, causó guerras entre pueblos (que proporcionaban prisioneros) y dejó una profunda herida psicológica. Portugal no se dedicó al esclavismo en su propio territorio, pero vivió de él.
A fines del siglo XIX, durante la "carrera por África", Portugal formalizó sus posesiones en grandes colonias: Angola, Mozambique, Guinea-Bissau, Cabo Verde, São Tomé y Príncipe. La ideología oficial era la "misión civilizadora": los portugueses supuestamente llevaron el cristianismo, el idioma y el progreso a pueblos salvajes. En la práctica, la política colonial fue cruel: trabajo forzado en plantaciones (café, algodón, azúcar), impuestos altos, supresión de rebeliones. A principios del siglo XX, los portugueses aplicaron el sistema de "trabajadores contratados" (shivrado), que poco difería del esclavismo. La población local se dividió en "civilizados" (asimilados, que hablaban portugués) y "indígenas". La asimilación era rara. En los años 1920-30, António Salazar, dictador de Portugal, reforzó el control sobre las colonias, utilizando sus recursos para aumentar el presupuesto.
Después de la Segunda Guerra Mundial, una oleada de descolonización azotó Asia y África. Portugal, bajo el liderazgo de Salazar, se negó a liberar sus colonias, llamándolas "provincias ultramarinas". La respuesta fueron levantamientos armados: en Angola (1961), Guinea-Bissau (1963), Mozambique (1964). Portugal se vio envuelto en una guerra de tres frentes que duró 13 años y agotó los recursos de la metrópoli. Los gastos militares alcanzaron el 40% del presupuesto. En el ejército portugués creció el descontento. Finalmente, el 25 de abril de 1974, en Portugal, se produjo la "Revolución de los Claveles": los militares derribaron al régimen de Salazar y declararon la descolonización. En 1975, Angola, Mozambique, Guinea-Bissau, Cabo Verde, São Tomé y Príncipe obtuvieron la independencia. Portugal se fue, dejando una economía devastada, una población analfabeta y conflictos interétnicos (en Angola, comenzó una guerra civil).
Después de la descolonización, Portugal se vio invadido por oleadas de refugiados: "retornados" — portugueses que vivían en África (aproximadamente 500 000 personas). Trajeron capital y nostalgia. En los años 1990 y 2000, comenzó la migración inversa: africanos de antiguas colonias comenzaron a mudarse a Portugal en busca de trabajo. Hoy, en 2026, en Portugal viven más de 400 000 descendientes de África, principalmente de Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, São Tomé, Mozambique. Trabajan en la construcción, el sector de servicios, como enfermeras, conductores, y también son futbolistas y músicos. Al mismo tiempo, miles de portugueses trabajan en África en la industria petrolera, gasífera, de la construcción.
El idioma portugués es el principal legado del colonialismo. Se habla en cinco países africanos (PALOP — Países Africanos de Língua Portuguesa). En 1996 se creó la Comunidad de Países de Língua Portuguesa (CPLP), donde entraron Portugal, Brasil y los estados africanos. Se celebran festivales de lusofonía anualmente, concursos de poesía, se traducen libros. Los escritores africanos (Pepe Tela, Mia Couto, José Eduardo Agualusa) escriben en portugués y reciben premios internacionales. Música: la kizomba (Angola) se volvió popular en Portugal, mientras que el fado (Portugal) se hizo famoso en África. Gastronomía: el influjo de la cocina africana se nota en las ciudades portuguesas (cuscús, salsas picantes, plátanos).
Portugal es miembro de la Unión Europea y está invirtiendo activamente en sus antiguas colonias. Las empresas portuguesas operan en Angola (petróleo, construcción, telecomunicaciones), en Mozambique (energía, turismo), en Cabo Verde (turismo). Portugal condona deudas africanas y proporciona becas para la educación. Se han creado programas para estudiantes africanos en Portugal (becas, visas simplificadas). A cambio, los países africanos suministran petróleo, gas, madera, productos del mar a Portugal. El volumen de comercio entre Portugal y África asciende a aproximadamente 10 mil millones de euros al año. Sin embargo, los africanos se quejan de que las empresas portuguesas obtienen la mayor parte de las ganancias, mientras que los locales se quedan con muy poco. El neocolonialismo es la principal queja.
En Portugal existe un racismo encubierto. Los africanos a menudo son percibidos como "ilegales", "traders de drogas", "bajo calificados". La policía detiene con más frecuencia a los negros para verificar documentos. Al mismo tiempo, en los países africanos, los portugueses pueden ser considerados "neocolonizadores" o "arrogantes". Esto es especialmente cierto en Angola, donde muchos portugueses regresaron después de la guerra civil y los habitantes locales los ven como competidores. Sin embargo, a nivel personal, las personas se llevan bien. En las áreas de Alto do Bairro y Amadora de Lisboa, son crisol donde viven portugueses, africanos y brasileños. La juventud se interesa menos por el pasado colonial.
En 2026 se lanzó el programa "Atlântico Azul", en el que Portugal y los países africanos investigarán conjuntamente el océano, lucharán contra la contaminación plástica y el pesca ilegal. También está en funcionamiento el proyecto "Portu-Africa Digital": la creación de centros de tecnologías de la información en Angola y Mozambique con participación del capital portugués. En el ámbito de la educación: la Universidad de Coimbra abrió campus en Cabo Verde y São Tomé. En el deporte: los clubes portugueses compran activamente jugadores africanos (Giovanni, Jesus y otros). En la cultura: el festival anual "Lusofonia" recorre las ciudades de Portugal y África.
Portugal y África. Los unen 500 años de relaciones complejas y contradictorias: desde la trata de esclavos y el yugo colonial hasta el intercambio cultural y la asociación económica. Hoy, caminan hacia la reconciliación, pero el sabor del pasado sigue. El futuro depende de si los portugueses reconocen su responsabilidad histórica y los africanos dejan de ver en cada portugués a un colonizador. Mientras tanto, hablan el mismo idioma, cantan canciones comunes y miran juntos hacia el futuro.
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