La Desierto de Atacama en el norte de Chile es el lugar más seco no glacial del mundo. En algunas regiones no ha llovido durante cien años. El paisaje aquí es tan inhóspito, rojo y desolado, que los científicos lo han llamado «Marte chileno». Es aquí donde la NASA y la Agencia Espacial Europea prueban los vehicles de exploración, buscan formas de vida extremas y se preparan para conquistar el Planeta Rojo. Vamos a entender por qué la Atacama se parece tanto a Marte y qué podemos aprender sobre el Universo sin salir de la Tierra.
La Atacama se extiende a lo largo de 1000 km por la costa del Pacífico chileno, entre las Andes y la Cordillera de la Costa. Su anchura es de 100-150 km. Su singularidad radica en su extrema sequedad. En la ciudad de Calama, la precipitación media anual es de 5 mm, y en algunos puntos de la desertidad (como en la región de Yarai) las precipitaciones no se han registrado desde que los humanos comenzaron a llevar registros. La causa es el «efecto de sombra doble»: las Andes bloquean las masas de aire húmedo del este (de la Amazonía), y las Cordilleras Costeras del oeste (del Océano Pacífico). Además, la corriente de agua fría del Perú enfría el aire de la costa, impidiendo que suba y forme nubes. Como resultado, la Atacama es más seca que el Sahara y hasta las llanuras secas de la Antártida.
Las rocas rojizo-anaranjadas, los salares, las dunas, los cauces secos de ríos, los conos volcánicos — todo esto recuerda a las panoramas capturados por los vehicles de exploración. Especialmente famosa es la Valle de la Luna, donde la erosión ha creado formaciones rocosas curiosas, similares a los cráteres lunares. Y el Lago Salado de Atacama, con su coraza de sal y sus lagunas habitadas por flamencos, parece un oasis alienígena. En algunos lugares, el suelo contiene minerales como yeso y hematita, que también se encuentran en Marte. No es de extrañar que los directores elijan la Atacama para rodar películas sobre el espacio («2001: Una odisea en el espacio», «Interstellar», la serie «Marte»).
La temperatura sube hasta los +40°C durante el día, y baja hasta los -5°C por la noche. El rayo ultravioleta es alto, la atmósfera es seca y el suelo contiene altas concentraciones de percloratos tóxicos (como en Marte). A pesar de esto, la vida ha encontrado huecos. Bacterias extremófilas habitan en la capa de sal y en las cavidades de las rocas. El descubrimiento de estos microorganismos inspira a los astrobiólogos: si la vida pudo adaptarse a las condiciones de la Atacama, podría existir también bajo la superficie de Marte. En los años 2020 se descubrieron «matas microbianas» en los cauces secos, capaces de sobrevivir gracias a la sal higroscópica que absorbe agua de la atmósfera.
Gracias a su similitud con Marte, la Atacama alberga varias estaciones de investigación. ALMA (Atacama Large Millimeter Array) es el radiotelescopio más potente del mundo, que estudia el espacio y no Marte. Sin embargo, para las pruebas de los vehicles de exploración se utiliza la desertidad. Por ejemplo, el vehicle Curiosity y Perseverance pasaron pruebas en la Atacama (por ejemplo, en 2019, un grupo de la NASA probó las instalaciones de perforación). Los europeos prueban aquí sistemas de búsqueda de vida. Además, hay un proyecto llamado «Mars Desert Research Station» (aunque está en Utah, Estados Unidos), pero en la Atacama hay un análogo: una estación en la región de Yarai, donde se estudian los meteoritos y se modela la geología marciana.
En 2003 se descubrió un lugar único en la Atacama: la valle de Yarai, donde en algunas capas de suelo no hay ni rastro de vida microbiana. Esta es una «zona estéril» similar a la marciana. Los científicos han estudiado cómo las moléculas orgánicas se conservan (o se destruyen) en tales condiciones. Se descubrió que los percloratos descomponen la organica bajo la acción de los rayos ultravioleta, lo que explica por qué a los vehicles es tan difícil encontrar rastros de vida en el Planeta Rojo. Además, en los купoles de sal se encontró agua: finas películas de agua se mantienen en los cristales de sal a temperaturas por debajo del cero. Esto es una señal de dónde buscar agua en Marte.
La Atacama es un destino turístico popular. Miles de personas vienen al oasis de San Pedro de Atacama para ver los géiseres El Tatio (altura de 4300 m), la desertidad de sal, los baños termales y la famosa Valle de la Luna. A los turistas se les prohíbe salir de los senderos para no perturbar la frágil ecosistema, pero los fotógrafos de estrellas (que aquí tienen algunas de las mejores condiciones del mundo) vienen. Los guías locales enseñan con orgullo los paisajes «marcianos» y cuentan sobre las expediciones científicas. En 2026 se abrió el itinerario «Camino Marciano» — un sendero de 50 km a través de los lugares más fotogénicos.
Paradoja: la Atacama es uno de los lugares más secos, pero aquí se encuentran enormes depósitos de litio (necesario para las baterías de los automóviles eléctricos) y cobre. La minería de recursos minerales amenaza la ecosistema único. Además, en los últimos años, la desertidad ha experimentado inundaciones debido al cambio climático (un fenómeno que los científicos llaman «araucarización»). Por lo tanto, el «Marte chileno» nos recuerda que la Tierra también es frágil y que la colonización de otro planeta no debe llevar al destrucción de la propia.
En 2025 se descubrió una enorme sistema de ríos subterráneos bajo la Atacama — el resultado del derretimiento de los glaciares de los Andes. Esto ha cambiado la percepción del equilibrio hídrico de la desertidad. Los astrobiólogos ahora proponen que similares aguas subterráneas pueden existir también en Marte, alimentando posibles oasis microbianos. En 2026 se lanzó el proyecto «Atacama-Marte»: perforaciones de pozos de hasta 100 m de profundidad para estudiar la vida profunda. Los resultados ayudarán a elegir los lugares para las futuras misiones marcianas.
La Atacama es una laboratorio único al aire libre. Al estudiarla, entendemos no solo el pasado de Marte, sino también el futuro de la Tierra en condiciones de calentamiento global. La desertidad sin lluvia nos enseña a valorar el agua, buscar vida en los lugares más desesperanzadores y prepararnos para los viajes estelares. «El Marte chileno» es una advertencia y una esperanza a la vez.
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