El interés del niño por el juego conjunto con un adulto no es una constante, sino un proceso dinámico que refleja las etapas de su desarrollo cognitivo, social y emocional. En esencia, es un diálogo donde el adulto actúa a veces como «personal de servicio» y base segura, a veces como socio igualitario, a veces como oponente y fuente de reglas. Las preferencias por juegos según la edad están estrechamente vinculadas a la formación de funciones psíquicas clave: la objetividad, el habla, el pensamiento abstracto y la inteligencia social.
El niño conoce el mundo a través de sensaciones y acciones. La actividad principal es la comunicación emocional y personal. Los juegos son simples, cíclicos y basados en la previsibilidad.
Juegos clave: «Cucú» (entrenamiento de la permanencia del objeto), «La urraca» (contacto táctil, ritmo), «Por los bultos» (balanceos rítmicos), «Escondidas» en forma simplificada (el adulto esconde la cara), rodar la pelota, apilar cubos que el adulto ayuda a construir y destruir con estrépito.
Rol del adulto: iniciador activo y líder. El adulto verbaliza las acciones, comenta emocionalmente, crea un mundo seguro y predecible. El niño responde con risas, sorpresa, intento de repetir la acción.
Dato científico: Juegos como «cucú» (peek-a-boo) son un fenómeno transcultural. Están directamente relacionados con la formación de la permanencia del objeto (J. Piaget) y el desarrollo de la capacidad de atención compartida conjunta — la habilidad de seguir la mirada y acción de otra persona, que es un requisito previo para el lenguaje y el conocimiento social.
Edad preescolar temprana (1,5-3 años): juegos simbólicos y manipulativos con objetos
Aparece el habla, el niño aprende las funciones de los objetos. La actividad principal es manipulativa con objetos. El mundo es un laboratorio y el adulto es el asistente principal y experto.
Juegos clave: juegos simples con juguetes con argumento («darle de comer al osito», «arrullar a la muñeca»), juegos de imitación («haz lo que yo hago»), construcción activa con piezas grandes (LEGO Duplo, cubos) con ayuda del adulto, deslizar coches con sonidos, rompecabezas simples de 2-4 piezas.
Rol del adulto: compañero de manipulación y fuente del guion. El adulto muestra cómo usar los objetos, propone una trama simple («Vamos, el osito va a dormir»), ayuda a superar la frustración si algo no sale. El habla del adulto enriquece el juego («el osito tiene hambre», «el coche fue al garaje»).
Ejemplo: Dibujo conjunto con pintura de dedos. El adulto no enseña a «dibujar correctamente», sino que crea condiciones, comenta el proceso («¡Oh, qué rastro amarillo!», «Hagamos un charco azul») y acepta cualquier resultado. Es un juego-experimento, no una actividad productiva.
Pico de actividad lúdica. Se desarrollan la imaginación, el habla y la inteligencia social. La actividad principal es el juego simbólico y de roles. El niño interpreta roles sociales y relaciones.
Juegos clave: juegos de roles complejos («la familia», «el hospital», «la tienda», «el restaurante», «los superhéroes»). Juegos de mesa con reglas simples (juegos de avanzar con dado, «Dobble», memoria). Construcción y modelado más complejos según el plan. Juegos activos con reglas («escondidas», «pilla-pilla», «comestible-incomestible»).
Rol del adulto: socio igualitario en el juego y portador de reglas. El adulto debe saber «meterse en el papel» (ser el «paciente» para el niño médico o el «cocinero» en el restaurante), seguir la lógica del niño, pero a veces suavemente complicar el juego introduciendo nuevos giros en la trama. En juegos de mesa, cumplir honestamente las reglas, enseñar a perder y ganar.
Dato interesante: Según psicólogos, a esta edad los niños a menudo asignan a los adultos roles subordinados o sufrientes (paciente, alumno, niño). Esto es una forma de asimilar la jerarquía y adquirir sensación de control. Un adulto sabio acepta este rol, permitiendo al niño ser el «principal».
La actividad principal se desplaza hacia el aprendizaje, pero el juego sigue siendo una herramienta social y recreativa fundamental. El énfasis se mueve de «fingir» a la competencia, estrategia y destreza.
Juegos clave: juegos de mesa y cartas complejos que requieren planificación, táctica y seguir reglas claras («Carcassonne», «Uno», ajedrez, damas, «Monopoly»). Juegos deportivos activos (fútbol, bádminton, tenis de mesa) en igualdad. Creatividad conjunta: modelado, constructores complejos (LEGO Technic), experimentos científicos.
Rol del adulto: rival digno y experto-consultor. El adulto ya no cede, sino que juega honestamente, mostrando respeto por la inteligencia del niño. Puede explicar la estrategia, ayudar a entender instrucciones complejas para constructores, compartir el interés por colecciones (sellos, piedras). Es la edad en que un hobby conjunto puede convertirse en la forma principal de «juego».
Ejemplo: Montaje conjunto de un modelo de avión o robot. El adulto ayuda con la lectura de esquemas y operaciones complejas, pero el concepto y el trabajo principal son del niño. Es un juego-proyecto donde importa no solo el proceso sino también el resultado.
La actividad principal es la comunicación íntima y personal con pares. El clásico «juego con el padre» pasa a un segundo plano, pero la necesidad de interés compartido y desafío intelectual permanece.
Actividades clave: juegos de mesa estratégicos y de rol complejos (Mafia, Danetki, Munchkin, Warhammer), videojuegos (especialmente cooperativos o competitivos donde se puede jugar en equipo), deportes conjuntos (escalada, ciclismo, correr), concursos intelectuales, discusión de libros, series, temas científicos.
Rol del adulto: socio intelectual y de actividad. Es un nivel de diálogo. El adulto debe estar al tanto para discutir la estrategia en el juego o el giro argumental en la serie. La actividad conjunta se basa en intereses comunes y respeto por la competencia del adolescente, que a menudo puede superar al adulto en un área específica (por ejemplo, en la táctica de un videojuego concreto).
Seguir el interés del niño: El juego debe estar en la «zona de desarrollo próximo», pero ser iniciado por él.
Estar «dentro del juego» completamente: Dejar el teléfono, involucrarse emocionalmente. El valor está en la experiencia compartida, no en el resultado.
No enseñar, sino jugar: Convertir los elementos de desarrollo en parte de la trama.
Sensibilidad al límite: Saber terminar a tiempo, antes de que el juego aburra, y proponer una nueva actividad cuando el niño esté listo.
El interés del niño por el juego conjunto con un adulto es un marcador diagnóstico preciso de su desarrollo. Por lo que juega y cómo propone jugar, se puede entender qué procesos psíquicos están en su foco. Para el adulto, es un canal sin precedentes de conexión e influencia. A través del juego se transmiten no solo habilidades, sino también valores, formas de resolver conflictos, la capacidad de comunicarse y disfrutar de las cosas simples. Cambiando junto con el niño —de animador a socio igualitario— el padre mantiene el hilo del diálogo de confianza, que se vuelve especialmente importante en la compleja adolescencia. En última instancia, quienes jugaron juntos «cucú» y «Monopoly» tienen más probabilidades de poder discutir juntos juegos de vida más serios.
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